martes, 6 de julio de 2010

Sobre la UDB


Dentro de las ofertas educativas de nivel superior en nuestro país se encuentra la Universidad Don Bosco que por el momento se encuentra situada entre las mejores universidades “privadas” no solo de El Salvador, sino de la región.
Nació en los ochentas y creció a base de alianzas internacionales, siendo la primera universidad acreditada a nivel nacional, y la primera en recibir la reacreditación, a pesar de esto presenta a los ojos de algunos de sus alumnos fallas básicas con relación a su reputación y la oferta que la misma maneja.
Para ser más puntuales hablaremos únicamente de la escuela de comunicaciones, que a lo largo de los años ha sufrido varios cambios para bien y para mal, al final, cambios.
Ahora hemos de trabajar, ya descansaremos en el paraíso
Don Bosco.

Claramente, a leguas, este es el motto el lema con el que diariamente los maestros – no todos porque hay algunos rebeldes - de la escuela de comunicaciones comienzan su jornada educativa ansiosos de transmitir a sus también deseosos de conocimiento alumnos, pupilos, discípulos, quienes orgullosos marchan a casa con su cerebro lleno de conocimientos adquiridos, ansiosos por el pronto regreso a su alma matter. No hay mundial que se los impida.


Qué tristeza realmente que esta no sea la realidad. Y que estudiantes desmotivados se muevan de salón en salón impulsados por puro impulso mecánico.
Es que la universidad no es capaz de crear un vínculo entre alumno e institución, no existen actividades que incentiven la competencia, la investigación a profundidad, el análisis, el superarse a uno mismo.
Es frecuente encontrarse alumnos quejándose, o pensando en dimitir de la decisión de haber escogido esa carrera en la universidad por el pensum, por la desactualización de los laboratorios, por la calidad educativa, por la ubicación, por los precios salesianos, y hasta por la falta de variedad en la alimentación, entre quejas concretas y razonables pasando por los dramas juveniles, cobra vida el espíritu comunicador de nuestra escuela.


Es que no caemos en la cuenta que somos tercermundistas recibiendo educación tercermundista, y anhelamos la clarividencia europea, o por lo menos tica –por todos esos que se quieren ir a Veritas.
Solo quiero concluir diciendo que soy un estudiante más de los que solo critican y no proponen –motivos varios: cultura o falta de la misma, pereza desmedida, Juan me cae bien y es uno de los rebeldes que se mencionan arriba, etc – esperando recibir su cartoncito de cuero, para no regresar más.
Fin.

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